El comienzo de mi huerto urbano

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Antes de comenzar, una confesión: hasta hace un año la única experiencia que tuve de crecer algo fue el mítico garbanzo en algodón mojado, experimento obligado del cole allá cuando tenía unos 9 añitos.

Sabía que hay algo fundamentalmente mal en nuestra dieta de “sin tiempo, mucho plástico”: verduras y frutas sin gusto y que se pudren en cuestión de pocos días, un incremento alarmante de enfermedades auto-inmunes y alergias e intolerancias alimenticias, entre muchas otras patologías.

Y algo quería, necesitaba hacer…

 

No sabía que la tierra se “gastaba”, que una lechuga da semillas luego de “espigar” y crecer altísima, que el compost huele a bosque, o que una simple cebolla tarda hasta 5 meses en crecer desde semilla.

El sueño de “crecer lo que como” se convirtió en miedo: ¿podré hacerlo? ¿qué necesito hacer y saber para comenzar un huerto?  ¿por dónde comienzo? (NOTA: Un año más tarde, tengo un pequeño pero muy productivo huerto que nos ha dado alegrías – y comida- sin parar durante el verano.

Segunda confesión: me gusta planear. Aunque dicen que la vida es lo que pasa mientras uno hace planes, planear para mí es soñar, es investigar posibilidades, descubrir oportunidades, ahorrar tiempo.

Así que dividí mis esfuerzos en dos áreas:

  • Por un lado, necesitaba conseguir una casa pequeña con espacio suficiente para un huerto y un poco de espacio para barbacoas e invitados.
  • Por otro, necesitaba (quería) aprender desde cero lo más básico sobre “esto de plantar, sembrar, cultivar”.

Mientras buscaba casa, me volqué en cuerpo y alma a devorar cuanta información pude.

En Internet hay más información de la que jamás podré beneficiarme – mucha información contradictoria (cada maestrito con su librito, dicen), pero después de comparar siempre te quedas con un patrón común a todos. Consulté foros, webs temáticas, You Tube, y muchos, muchos blogs.

Y claro, los libros… Compré , presté y me regalaron libros básicos (y algunos más avanzados) que aún me acompañan cada día.  Y no sólo libros: la “Guia del Hort Escolar” me sirvió para comenzar el proceso de aprendizaje. Es un PDF para alumnos y maestros de escuela.

¿Hace falta realmente leer tanto?

Pues depende de cada uno. A mí me ahorró mucho tiempo, dinero, esfuerzo, y me permitió relajarme y cometer muchos menos errores básicos que muy posiblemente me hubiesen costado toda la cosecha. Y al final de día, cuando las cosas comienzan a ir mal, no se escapa nadie de salir corriendo a un foro, a un pagès amigo o a un libro a ver qué le pasa a las plantas que no crecen / tienen manchitas / no dan fruto / se mueren, etc. No que no lo haga igual, pero al menos estoy preparada y puedo prevenir…

¿Qué aprendí antes de empezar con el huerto?

Lo más básico que aprendí y que ha guiado cada decisión hasta el día de hoy es “la tierra, el sustrato, es lo más importante que hay”. Una tierra sana, adecuada, fértil es mucho más eficiente que cualquier fertilizante que le demos a la planta mientras está creciendo.  Que el compost no es basura podrida; huele a bosque – es igual que la tierra fértil de un bosque y es lo mejor que se le puede añadir a cualquier suelo y planta – es todo un ecosistema en acción.

También aprendí que la receta mágica para que crezca bien una planta es una mezcla de ingredientes:  temporada + temperatura + agua + alimento + posición.  Estas cuatro variables determinan si la planta dará de sí lo que se espera. Por ejemplo, de una tomatera queremos muchos tomates y hojas las justas. Para ello:

  • hay que plantarla en el momento que toque (cuando hayan pasado las heladas y el suelo esté templado) (temporada),
  • mantener las raíces húmedas pero no demasiado, y las hojas secas / aireadas para evitar hongos (agua),
  • evitarle grandes variaciones de temperatura,
  • darle algo de “comida” extra cuando empieza a florecer y los frutos a madurar (alimento)
  • plantarla donde le dé la mayor cantidad de sol posible, a menos que demasiado sol las estrese (posición)

Cada planta tiene su receta, y cada hortelano su opinión – todo depende: de la zona donde vivas, de la variedad que plantes, del suelo, de las plagas de tu zona, de tu experiencia previa…

Aprendí que todo está conectado con todo – incluyéndonos a nosotros mismos, y hasta la luna! Lo químico parece que ayuda, pero el coste es demasiado alto porque no son parte del proceso – son un elemento foráneo que rompe conexiones naturales y tienen consecuencias no anticipadas. No se puede controlar todo – ni siquiera podemos intentarlo. Sólo podemos facilitar los procesos naturales.

Pero el aprendizaje más importante es que no hay que tener miedo. No pasa nada si se muere una planta. No pasa nada si perdemos la cosecha entera, sólo si observamos qué ha pasado y aprendemos de nuestros errores.  Nos llevará tiempo saber cómo germinar una semilla bien.

Ya os iré contando y mostrando lo que hice, los errores que cometí, y las alegrías que me ha dado el huerto hasta ahora!

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